La pandemia y sus brechas educativas.

Por Sergio Montoya

Recuerdo que cuando era niño, yo siempre asistí a escuelas públicas, y en educación básica la diferencia con las privadas era solamente en cuanto a la atención a los alumnos y estructural, y claro, la diferencia de clase.

Me explico, en las escuelas privadas los salones tenían a menos alumnos y alumnas y el o la docente podía atenderlos en forma más especializada, los bancos, canchas, cafetería y demás espacios iban acordes con el nivel de clase que asistía a ellos. Pero tanto públicas como privadas teníamos el mismo sistema básico educativo, la tecnología no existía como hoy, ambas instituciones teníamos pizarrones de tiza y mapas mundi y más cosas pegadas a las paredes.

La capacidad de cada uno de nosotros en las escuelas públicas se basaba más en la capacidad individual, claro, en las privadas existía un mayor cobijo y acompañamiento para estudiar y menos distracciones de carencias sociales y económicas, pero la brecha entre unas y otras no tenía todavía las características y consecuencias de estos tiempos.

Imagen: El Sol de Durango

Incluso antes de la pandemia en 2020, con las reformas educativas, las instituciones privadas contaban ya con la facilidad de incorporar sistemas educativos paralelos a los oficiales, más avanzados e incluso personalizados. Sus aulas cambiaron con la tecnología: equipos de audio, imagen y sonido; internet; tabletas para cada alumna y alumno; bancos integrales; pizarras digitales, talleres con tecnologías de aprendizaje; todo a su vez integrado al programa educativo y a los sistemas digitales en la mano de cada alumna y alumno.

En cambio, en las escuelas públicas, cuando he ingresado a ellas, me parecen un viaje en el tiempo. Un viaje a mi infancia. Los mismos salones, las mismas ilustraciones en las paredes, la misma pizarra de tiza, incluso los mismos 50 bancos de madera de hace 40 años. Y sin cambios estructurales más que pintura.

Durante esta pandemia conversé con un joven de secundaria privada, aún es educación a distancia, tenían todas sus sesiones diariamente, en sus casas con internet y equipos digitales suficientes, aprendía paquetes de edición de audio y video “after effects”, programar comandos computaciones, emplear y programar con lentes 3D, programar drones, certificarse en idiomas; y en sus aulas cuenta toda la tecnología y talleres que antes solamente podíamos soñar.

Imagen: Catalunya Vanguardistas, sitio web.

En contraste, al conversar con alumnas y alumnos de escuelas públicas, hay básicamente dos formas de aprendizaje: aquellos que tienen que aprender por su cuenta viendo programas en televisión abierta, y aquellos en los que la o el docente en grupos de whatsapp (en el mejor de los casos) les envían actividades o trata de darles un seguimiento a actividades y tareas. Pero ninguno tiene, ni de cerca, todas las sesiones diarias y contenidos que deberían ver en clase, ni menos tienen todas y todos acceso a equipos digitales e internet.

Como usted amable lector, lectora pueden apreciar, las diferencias, la brecha entre la educación pública y la privada en tiempos de las tecnologías de información, comunicación (las famosas TIC´s) y sistemas educativos se agrandó a un momento de imposible alcance de las primeras. Y en medio de esta época llegó la pandemia Covid 19 que de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial ya a mediado de 2021 representaba un rezago de dos años. Podemos inferir que con los dos años de planteles escolares cerrados, este 2022 el rezago educativo de traslada a cuatro años. Claro este rezago impacta en el alumnado de escuelas públicas. Sume usted las variantes tecnológicas, ¿hasta dónde se va este rezago?

¿Hasta qué grado visibilizaremos las consecuencias -y no solamente de la brecha educativa que teníamos antes de la pandemia- de esta pausa de dos años en el sistema educativo público? Las habilidades del privilegio que mantuvieron quienes asisten a las instituciones privadas y de quienes siguen aprendiendo como hace 40 años y que además pausaron dos años su educación, chocará con la realidad en algún momento. Puede ser en la universidad, en la decisión de algún reclutador empresarial, o en la vida misma.

Como siempre, la mejor respuesta la tiene usted.

sergio.montoya@auladh.com

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