Derechos humanos y las bolsas de papas fritas.

Por Sergio Montoya.

En mi artículo previo le manejé el concepto de los derechos humanos positivizados sin ningún contenido. Como las bolsas de papas fritas comerciales: llenas de aire, vacías de sustento. En esta ocasión explicaré y extenderé un poco más esta idea y su impacto en acciones reales y efectivas.

En casi todo el mundo occidental nos venden estas bolsas de papas fritas y sus variantes, que en su mayor espacio interno están llenas de aire. Con poco contenido físico de papas. Hay autores que al nulo resultado real de derechos humanos les llaman así, vacíos de contenido y como una práctica ilusoria de derechos humanos. Coloquialmente, pues, bolsas de papas fritas.

Mi comentario en el artículo anterior surgió a partir de los esfuerzos de legisladores y legisladoras y otros actores y actrices políticas, que junto a grupos de interés buscan los reflectores y por supuesto, el presupuesto público a partir de vender, ofrecer, promover y realizar acciones para darle a la ciudadanía una percepción de lucha por ellas, de preocuparse por sus derechos humanos.

Imagino al actor o actriz política en medio de libros buscando cuál derecho, viejo, nuevo, o reinventado (cambiándole el nombre o una nueva categoría) pueden subir al escenario para usarlo para sus fines políticos. Alguno, además, que no le genere conflictos y le reste antes que sumarle puntos ante la opinión pública. Y que a la vez no le genere ningún compromiso real. Algo que le regale el aplauso fácil de grupos específicos y de gran parte de la ciudadanía.

Imagen: concepto.de

– ¿Educación sexual y reproductiva en educación básica y métodos anticonceptivos gratuitos en secundaria y bachillerato en los baños escolares?

– ¡Jamás!

– ¿Educación bilingüe obligatoria en la ciudad para niños y niñas indígenas?

– No es el momento, no da votos.

– ¿Una policía profesional, bien remunerada, formada y con prestaciones?

– No. Me genera ruido en mi partido y otros sectores de gobierno.

– ¿Mamografías gratuitas universales en México para prevenir el cáncer?

– Mhh, no, tampoco.

– Entonces ¿acciones legislativas que dispongan ahorros reales para invertir en educación, salud, seguridad?

– No. Mejor legislemos la solidaridad, la cultura de paz, las deconstrucciones, etcétera, cualquier cosa de la que ni el significado del concepto sea tan claro para poder exigir resultados.

Incluso, podemos generamos leyes que crean comités y subcomités interinstitucionales que a su vez tienen que colaborar y organizarse, cuando en sus estructuras internas y de resultados desconocen la viabilidad de estas figuras, quedan difusas las jerarquías, las obligaciones y circunstancias de actuación. El fin es el mismo: buscar qué nuevo derecho pueden legislar, sin que les genere problemas, pero que sí les arroje los reflectores.

Imagen. buzos.com.mx

Reflectores como, por ejemplo, arroja la lucha feminista (de todas y todos), para eliminar la violencia contra las mujeres y el feminicidio: reflectores a las leyes, reflectores a sus reformas, reflectores al castigo penal y a las reformas para aumentar ese castigo penal, y claro, reflectores a sus promotoras y promotores. Pero ¿y la prevención, y las víctimas? ¿Por qué no han disminuido los feminicidios? ¿Y los albergues y asistencia para mujeres víctimas? ¿y los presupuestos ampliados para todo ello? ¿Acaso nos han vendido la lucha contra el feminicidio como la pura bolsa de papas fritas llena de aire, sobrada de colores llamativos, pero sin políticas públicas –con presupuestos- por dentro, que hagan este derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia una realidad?

¿Cuántas políticas y políticos se han beneficiado de “apoyar” estas causas? ¿cuántas mujeres que enarbolaban estas luchas – y otras- obtuvieron puestos públicos desde los cuales ahora callan?

Y este es solamente uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar en la lucha por los derechos humanos, en donde las y los políticos han encontrado ya un producto que los promueve y vende ante la ciudadanía. Pero nuestra realidad, la vida diaria, es la misma desde la promesa de la última revolución: acabar con la miseria, con la impunidad, con la corrupción y con la inseguridad. ¿Será que esas promesas, de tanto repetirlas ya no venden?

Imagen. humanidades.com

Bueno, el nuevo producto (bueno, más bien el “rebranding” de los derechos fundamentales del ser humano) se llama “derechos humanos” y su nueva colección siglo 21: Agenda 2030. Ahí encontrará lo que necesite, lo que más se acomode a su perfil, a su status como Estado, a sus intereses políticos. De pagar no se preocupe, no contiene mensualidades forzosas, puede alegar insolvencia económica incluso, no son jurídicamente obligatorios. Y de las consecuencias internacionales tampoco se preocupe, envíe su informe con lo que le haya alcanzado el tiempo y las ganas de hacer. Al final, como pasó con los Objetivos del Milenio, ya diseñaremos la colección siguiente, la de mitad de siglo.

Parafraseo a Ramón Narváez: “nunca tener tantos derechos sirvió para tan poco.”  Del “rebranding” de los derechos humanos le hablo en el siguiente artículo.

Como siempre, la mejor respuesta la tiene usted.

sergio.montoya@auladh.com

Deja una respuesta