Arte y posmodernidad. Destrucción del arte o arte para todas

Por Sergio Montoya

La palabra arte tiene su origen en el latín arsartis del griego τέχνη (téchne), que significa “técnica”. Empleada en la antigüedad para referirse a oficios como la herrería, también sirve para referirnos a disciplinas como la poesía, la escultura, la pintura o la música, que usaban la estética para elaborar sus obras.

Así, por milenios, las personas artistas debían dominar diversas técnicas, estéticas, incluso ofrecían un diálogo para lograr percibir y mostrar la belleza. Se podían apreciar entonces sus capacidades y habilidades para el empleo de la luz, de la profundidad, del cincel, etcétera. Existían parámetros para ello, para su elaboración y su percepción.

Hoy se aplauden unas gafas en el piso en una sala de un museo de arte en San Francisco en 2016, pensando ¿qué mensaje quería dar el artista?, sin saber que fueron olvidadas ahí por su dueño. O bien, ¿cómo evitar que una empleada de limpieza tire a la basura una obra por confundirla con basura? como sucedió en el Museo Bolzano de Milán en 2015, ya que la obra consistía en una serie de botellas de champán, colillas de cigarro, desperdicios y confetis de una fiesta finalizada en el piso. ¿Qué criterio o qué capacidades debe tener una directora o director de un museo de arte conceptual? ¿cómo rechazar una propuesta artística y elegir otra? ¿sobre qué parámetros artísticos decidir?

La obra de arte vanguardista ‘¿Dónde vamos a bailar esta noche?’. / MUSEO BOLZANO DE MILÁN

Las tendencias actuales en el arte son todavía influenciadas por la filosofía contemporánea, que ha tenido en el posmodernismo su gran impacto en la segunda mitad del siglo XX e inicios de este siglo. La filosofía posmoderna rompió con la homogeneización cultural, se abrió a la diversidad, al tiempo que negaba que existiera la verdad. En el arte buscó salir de los convencionalismos académicos, de las reglas y técnicas del establishment.

Para algunos artistas y críticos del arte, el posmodernismo significó la muerte del arte como se entendía, ya que cuando todo es arte, nada lo es; para otros fue una bocanada de aire puro. Para el público significó la posibilidad de elegir qué le parecía más atractivo.

El considerar que crear arte y valorarlo es algo intuitivo consiguió una ambigüedad en la que cada quien y cada grupo entendiera qué es el arte a conveniencia. Con el tiempo, el posmodernismo dejó grupos posicionados política, económica y culturalmente que hiper-fragmentaron el arte en su beneficio o en lo que en su idea de arte debían ser las expresiones culturales. Ya no permitió la libertad de expresión y de elección entre un tipo de arte clásico o no, sino exigiendo a las demás obediencia absoluta a aceptar el posmodernismo y linchar mediática, política y/o socialmente a quienes no estuvieran de acuerdo con esta manifestación artística. De ser el posmodernismo una expresión artística que exigía respeto e inclusión, pasó a ser la inquisición de las contrarias.

Al no tener certezas sobre qué es el arte negamos su propia existencia. Si bien la apertura de expresiones culturales a todos los grupos y formas de manifestación es loable y es algo a defender, también es cierto que sobre las oscuridades de concepción no debe empoderar a ningún grupo en su propio beneficio.

Usted amable lector, lectora, ¿considera que los expertos en arte, clásico o posmoderno, deben educar a la población sobre qué es el arte, o que las personas debemos elegir libremente lo que nos atraiga?

Como siempre, amable lector, lectora, la mejor respuesta está en su cabeza.

sergio.montoya@auladh.com

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