
Por Adriana Santiago Marcelino
Empezando el tema es sin duda muy impactante, de la manera sobre cómo hablar desde la naturaleza misma, desde lo que era antes algo nuestro, tan propio y que de repente se fue de nuestras manos.
La modernidad, con su desenvolvimiento económico y su ciencia, prometió mejorar la naturaleza y solamente consiguió enjaularla, reservarla el resto del espacio de la tierra para la humanidad, como si pudiera vivir en forma totalmente apartada, conviviendo solamente con la naturaleza domesticada o enjaulada. En este occidente capitalista materialista, las mayorías de las personas tienden a ser consumistas, viven y piensan desde lo urbano, desde la ciudad. Pensamos que todo lo podemos comprar, pensamos más en ciencia y tecnología, ver cómo mejoramos todo para explotarlo más, mayor reingeniería, mayor innovación etc., etc. En lugar de adaptarnos al entorno, lo alteramos para que sea el entorno el que se adapte a nuestras necesidades. Este occidente del que hablo, tiene una mirada individualista y egocentrista en donde la vida gira alrededor de sus necesidades, donde se separa de la naturaleza como una relación sujeto y ve a la naturaleza como objeto.
La idea es tener un acercamiento con la tierra (naturaleza) a la cual solo unos cuantos tenemos el privilegio, de estar en ese espacio y disfrutar lo que nos ofrece la madre tierra. Los pueblos indígenas somos importantes en la conservación de la naturaleza, la tierra y el territorio es importante para nosotros, y de cómo tenemos un vínculo con la tierra con la naturaleza, donde representa también un vínculo con lo económico, cultural y espiritual, todo se construya de acuerdo a nuestros usos y costumbres. La tierra al ser arada y plantada habría de ser, antes de forzada y enriquecida, de todos los seres humanos, domesticamos como decimos. El espacio para la tierra plantada debería de ser libre de cualquier animal o planta concurrente. “Lo que es el hombre, el animal no come”, reza el dicho popular. Ese fue un ideal soñado por la modernidad, tanto para la agricultura como para los lugares de asentamiento humano. No solamente insectos nocivos sino pájaros, animales y plantas concurrentes tendrían que ser eliminados y, para la ciencia no perder el objeto de estudio, enjaulados. Son muchos los factores que intervienen en la etapa de la modernidad, pero creo que va más con los humanos pues ya que somos los que actuamos. Un ejemplo de ello es el zoológico llamado Zoochilpan de Chilpancingo Guerrero, donde hace cinco años se escapó Patricia, persona no humana, quien tiene todo el derecho de obtener su libertad. Ante estas situaciones ¿Sería importante que las comisiones de derechos humanos defendieran a las personas no humanas?
Los derechos de la tierra entendidos en términos de derechos humanos en tema del derecho indígena, sobre la falta del reconocimiento de nuestro derecho, y el derecho a la tierra tiene cierta característica que lo vuelve propio, ya que somos los pueblos indígenas los primeros en ser los dueños de la tierra, y en los procesos de la colonización y conquista llegaron gente de afuera se apropiaron de ella, despojándonos como pueblos originarios.
El derecho de la tierra se encuentra consagrado como un derecho humano, como lo indican algunos instrumentos jurídicos, pero esa regulación jurídica no es segura ni eficaz para dar resultados a nuestro favor.
En nuestro país, en donde existe una falta de reconocimiento sobre la titularidad de nuestras tierras, así como al uso y acceso a los recursos naturales que ahí se encuentran, nos genera inseguridad jurídica e influye negativamente en las posibles acciones de protección, conservación y defensa legal del medio ambiente a nuestro favor.
Hoy por hoy la mayoría no hace conciencia de esto, sobre lo que se está haciendo. Por ejemplo, las acciones que protegen al medio ambiente que promueven las empresas que se dicen ecologistas, desde sus grandes corporaciones, su idea no es mala, pero ellos al final no perderán lo que tienen salvando la naturaleza, al contrario, piensan más en la continuación de la explotación de la naturaleza. En todas las cuestiones la pregunta es: ¿Quién es el que no hace conciencia?
Los seres humanos no hacemos conciencia de lo que en realidad estamos haciendo con la naturaleza, la modernidad nos ha dañado muy fuerte porque cada día lo empeoramos más y hacemos menos concientización para lo que realmente importa. El mecanismo económico actual es una pieza importante para la modernidad pero de su mano la humanidad nos vamos destruyendo poco a poco y sin tener ningún remordimientos.
El ser humano individualista ve a la naturaleza como objeto, fuente de riqueza y comodidad, pero también vemos hoy en día como la misma naturaleza responde a las acciones que la humanidad realiza, como “acción y efecto”. Hablando de los derechos humanos ¿cuál sería la alternativa? ¿Qué se reconozca el derecho de la tierra o porqué asignarle un valor?, si para nosotros los pueblos indígenas, desde nuestra cosmovisión la tierra no es de nadie, es de todos.
En la Sentencia T-622 de 2016 Río Atrato, la Corte Constitucional colombiana reconoció al río como sujeto de derechos, caso en el que se manifestaron afectaciones a la salud como consecuencia de las actividades mineras ilegales y solicitaron se tutelaran los derechos fundamentales a la vida, a la salud, al agua, a la seguridad alimentaria, al medio ambiente sano, a la cultura y al territorio de las comunidades étnicas accionantes.
Hoy por hoy, habría que darle prioridad el tema de los derechos de la naturaleza, tanto como sociedad y reforzar el reconocimiento jurídicamente para la protección del mismo. Al mismo tiempo que los pueblos indígenas no nos veamos más afectados con el avance de la modernidad.
Adriana Santiago Marcelino es activista e integrante de la comunidad indígena Tenek y estudiante de la Maestría en Derechos Humanos.
