
Por Araceli Rodríguez Salazar
La lucha, reivindicación y reconocimiento por los derechos políticos de las mujeres ha sido progresivo, se han pasado por bastantes momentos en los que se han logrado algunos avances bajo la pugna de mejores e iguales condiciones, que tengan como resultado acortar las brechas de género, así como los techos de cristal, techos de cemento, suelos pegajosos y todos aquellos obstáculos a los que las mujeres nos hemos enfrentado.
El ejercicio y disfrute de los derechos políticos-electorales de las mujeres han sido limitados por prejuicios y practicas replicadas durante décadas; para ser visibles las propias mujeres han conformado luchas, cuyos objetivos principales han sido los cambios de valores y percepciones sociales; el trayecto no ha sido fácil. Sin mujeres no podemos pensar la democracia, la inclusión de todos los grupos poblacionales son esencial. La igualdad es un valor fundamental para la democracia, sin mujeres se afecta la calidad de la democracia; la desigual participación de las mujeres en política y en los procesos electorales constituye un rezago que vienen arrastrándose históricamente en México (Quiñones, 2016: 20).
El proceso histórico que ha vivido México en razón de una mayor inclusión y participación política, ha sido una lucha constante de grupos y movimientos propios de mujeres que han logrado el reconocimiento de derechos y su visibilización en espacios propios de hombres, por lo que se debe recordar que gracias a dichos movimientos se han puesto en la mesa los debates sobre distintos tópicos, ejemplo de ello, ha sido la incorporación de acciones afirmativas a través de las reformas a las leyes electorales y en su caso la última acción con una reforma constitucional, permitiendo la disminución de la brecha existente en el ingreso de las mujeres a los espacios legislativos.
Uno de los primeros ejercicios para el establecimiento de medidas afirmativas fue la I Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, en ella se invitaba a los países parte a promover el pleno desarrollo de la mujer, garantizando el ejercicio y goce de los derechos humanos, así como la igualdad de condiciones frente al hombre en la esfera política, social, económica y cultural. Otro gran impulso a la implementación de las acciones afirmativas se dio en la IV Conferencia sobre la Mujer; para algunas autoras/es la conferencia es considerada como el detonante para la integración porcentual de medidas afirmativas en gran parte de América Latina a través de reformas legales.
El establecimiento de las cuotas y paridad de género ha sido un esfuerzo de los grupos de mujeres organizadas desde el arco político, social, académicos, feminista e incluso el activismo, han formado redes de apoyo y trabajo desde cada uno de sus espacios, estos movimientos han ejercido presión para que se nos incluya en la toma de decisión. El derecho de las mujeres a participar en procesos electorales y en la vida pública-política con igualdad, han sido motivo de reformas con perspectiva de género; se nota el trabajo articulado de las mujeres, envuelto en una sororidad de todas nosotras, sin importar el partido político, la ideología, los círculos de los que hemos sido parte, etc., lo que ha permeado es la unión porque ¡las mujeres ocupemos espacios, tomemos decisiones y logremos gozar de nuestros derechos!
El número de mujeres en el ámbito público-político ha ido en aumento, logrando así la representación descriptiva como derecho político-electoral. Las expectativas que tenemos como mujeres en política son muchas, se espera que sigamos avanzando en la representación númerica, pero también en la sustantiva y simbólica. Que con el aumento en el número de mujeres representantes se llegue a la empatía, interés y atención por temas y preocupaciones políticas propias de las mujeres, formando una agenda de género, en las que se recurra a conocer las problemáticas de las demás mujeres que no están en puestos de decisión, pero que sin duda de una u otra forma deben ser escuchadas. Que se siga trabajando para que bajen los niveles de violencia política y que las mujeres lleguemos sin obstáculos a espacios que con anterioridad eran pensados, creados y ocupados por hombres, y que en la actualidad nosotras tenemos la posibilidad de cambiar dichos espacios en favor de otras mujeres, ya que somos sujetas del disfrute de los derechos humanos pero también de los deberes que de ellos se derivan.
