{"id":999,"date":"2025-12-17T14:06:41","date_gmt":"2025-12-17T20:06:41","guid":{"rendered":"https:\/\/auladh.com\/revista\/?p=999"},"modified":"2025-12-17T14:22:39","modified_gmt":"2025-12-17T20:22:39","slug":"la-humillacion-puesta-en-escena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/auladh.com\/revista\/la-humillacion-puesta-en-escena\/","title":{"rendered":"La humillaci\u00f3n puesta en escena. -Juan \u00c1ngel Asensio."},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>El auge del \u2018streaming\u2019 ha creado un escenario donde la intimidad, el dolor y la autodestrucci\u00f3n pueden convertirse en espect\u00e1culo y negocio. \u00bfHasta d\u00f3nde llega nuestra responsabilidad como espectadores?<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Juan \u00c1ngel Asensio.<\/p>\n\n\n\n<p>Para empezar, una obviedad que, como ocurre con cualquier otra obviedad, conviene tener presente de vez en cuando: la evoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica ha modificado radicalmente la manera en que vivimos, nos relacionamos y consumimos informaci\u00f3n. Lo que antes era privado o quedaba reservado a contextos \u00edntimos ahora se proyecta de manera inmediata antes miles de ojos agazapados tras las pantallas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s que probable que, a quien lea esto, le suene el caso de Sim\u00f3n P\u00e9rez, un exasesor financiero a quien, durante el \u00faltimo a\u00f1o, hemos podido ver consumiendo drogas \u2013sin ning\u00fan tipo de control\u2013 en directo frente a su audiencia, una audiencia, todo sea dicho, bastante notable. Tambi\u00e9n es posible que el lector haya le\u00eddo acerca del&nbsp;<em>streamer<\/em>&nbsp;franc\u00e9s Jean Pormanove, que falleci\u00f3 en pleno&nbsp;<em>stream<\/em>&nbsp;tras horas de humillaci\u00f3n y vejaci\u00f3n ante sus&nbsp;<em>viewers<\/em>. Estas son solo dos de las decenas de manifestaciones extremas de un fen\u00f3meno que ya exist\u00eda en potencia: el espect\u00e1culo basado en la humillaci\u00f3n, la degradaci\u00f3n y el dolor ajeno.<\/p>\n\n\n\n<p>La naturaleza del streaming&nbsp;introduce una peculiaridad \u00e9tica, in\u00e9dita hasta ahora, como es la interacci\u00f3n inmediata del p\u00fablico con el contenido. Cada&nbsp;<em>like<\/em>, cada comentario y cada donaci\u00f3n se convierte en un refuerzo directo de la conducta del creador de contenido.<\/p>\n\n\n\n<p>Este fen\u00f3meno entronca con una tradici\u00f3n m\u00e1s antigua de \u00abentretenimiento de castigo\u00bb, que va desde los espect\u00e1culos de circo romano hasta ciertos&nbsp;<em>reality shows<\/em>&nbsp;contempor\u00e1neos.<strong>&nbsp;<\/strong>La diferencia con ellos es la inmediatez y la interactividad<strong>.&nbsp;<\/strong>Hoy, el espectador no es solo testigo, sino que, con cada acci\u00f3n, participa activamente en el curso de los acontecimientos. Esa participaci\u00f3n crea una difusa sensaci\u00f3n de responsabilidad compartida que, parad\u00f3jicamente, puede diluir la culpa individual.<\/p>\n\n\n\n<p>Si tenemos esto en cuenta, la pregunta inevitable es, entonces, qu\u00e9 papel juega la audiencia. Las plataformas se presentan como intermediarias neutrales, pero su modelo de negocio depende de la atenci\u00f3n y la monetizaci\u00f3n del tiempo de pantalla. Otro factor importante en esta ecuaci\u00f3n es que la&nbsp;<a href=\"https:\/\/ethic.es\/moderadores-contenido-precio-moderar-red\">moderaci\u00f3n<\/a>&nbsp;de contenidos suele ir a remolque de los sucesos, como demuestra la tard\u00eda reacci\u00f3n de Twitch, Kick o YouTube ante emisiones de autolesiones o violencia expl\u00edcita.<\/p>\n\n\n\n<h2>La responsabilidad de mirar<\/h2>\n\n\n\n<p>Desde la psicolog\u00eda social, el fen\u00f3meno puede explicarse en parte por el \u00abefecto espectador\u00bb:&nbsp;cuando muchas personas observan una situaci\u00f3n cr\u00edtica, cada una tiende a asumir que otro actuar\u00e1. En el contexto digital, este efecto se amplifica. La distancia f\u00edsica y el anonimato refuerzan la idea de que \u00abno es mi responsabilidad\u00bb. As\u00ed, miles de usuarios pueden asistir a un acto de autodestrucci\u00f3n en directo sin intervenir, e incluso financiarlo, bajo la sensaci\u00f3n de que su aportaci\u00f3n individual es irrelevante. Pero la realidad es que, en conjunto, estas microinteracciones sostienen un mercado donde el dolor y la humillaci\u00f3n son valorados en t\u00e9rminos de atenci\u00f3n y dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, el fil\u00f3sofo franc\u00e9s Guy Debord ya alertaba en La sociedad del espect\u00e1culo&nbsp;sobre c\u00f3mo la realidad se convierte en representaci\u00f3n y c\u00f3mo el p\u00fablico se acostumbra a consumir im\u00e1genes de sufrimiento sin actuar. Debord argumentaba que, en la sociedad del espect\u00e1culo, las im\u00e1genes no solo sustituyen a la experiencia, sino que producen una fascinaci\u00f3n pasiva que anestesia la \u00e9tica.&nbsp;En el entorno de las plataformas de&nbsp;<em>streaming<\/em>&nbsp;o, en general, las redes sociales, la teor\u00eda de Debord se materializa: el sufrimiento humano se mercantiliza y se presenta como entretenimiento, y la participaci\u00f3n de cada espectador, aunque difusa, contribuye a su perpetuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de la psicolog\u00eda y la historia del entretenimiento, el fen\u00f3meno plantea preguntas sobre la \u00e9tica de la mirada y la econom\u00eda de la atenci\u00f3n. La fascinaci\u00f3n por el morbo no es nueva, claro est\u00e1, pero la tecnolog\u00eda ha amplificado su alcance y su impacto. La sociolog\u00eda digital se\u00f1ala que<strong>&nbsp;<\/strong>las plataformas est\u00e1n dise\u00f1adas para maximizar la permanencia y la interacci\u00f3n, no el bienestar de las personas&nbsp;que emiten ni de las que observan. Cada dise\u00f1o de interfaz, cada sistema de recompensas y cada algoritmo de recomendaci\u00f3n contribuye a un ecosistema donde la autolesi\u00f3n, la humillaci\u00f3n y el deterioro f\u00edsico o emocional se convierten en recursos de consumo, en una redonda y brillante moneda de cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esta situaci\u00f3n, la regulaci\u00f3n&nbsp;es una herramienta necesaria pero a\u00fan insuficiente. Las plataformas pueden desarrollar mecanismos de detecci\u00f3n y prevenci\u00f3n de conductas de riesgo, y algunas ya los aplican para casos de violencia extrema o abuso infantil. Extender estos protocolos a situaciones de autolesi\u00f3n y consumo de drogas requiere cierta capacidad t\u00e9cnica, pero, sobre todo, voluntad \u00e9tica y responsabilidad corporativa. Sin embargo, la soluci\u00f3n no puede limitarse a la regulaci\u00f3n; tambi\u00e9n es necesaria la educaci\u00f3n digital cr\u00edtica. Los usuarios deben comprender que cada visualizaci\u00f3n, cada comentario y cada micropago tiene un impacto real.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, es imprescindible interrogar la cultura que hace posible este fen\u00f3meno. La fascinaci\u00f3n por la degradaci\u00f3n, por la exposici\u00f3n extrema y por la humillaci\u00f3n refleja tensiones sociales profundas que, de una manera u otra, todos identificamos, ya sea en nosotros mismos o en nuestro alrededor: desde la ansiedad por la visibilidad y la fama hasta la trivializaci\u00f3n del dolor ajeno en la cultura medi\u00e1tica. Reconocer y cuestionar estos impulsos culturales es tan importante como la regulaci\u00f3n y la educaci\u00f3n.&nbsp;Solo mediante la conciencia cr\u00edtica podemos imaginar un mundo digital donde la atenci\u00f3n no se compre con humillaci\u00f3n y donde la curiosidad no se convierta en c\u00f3mplice de la explotaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, las historias de Sim\u00f3n P\u00e9rez y Jean Pormanove nos confrontan con preguntas que, llegados a este punto, se han convertido en ineludibles: \u00bfhasta qu\u00e9 punto somos responsables de lo que consumimos? \u00bfQu\u00e9 papel juega nuestra participaci\u00f3n, activa o pasiva, en la perpetuaci\u00f3n de un mercado que convierte el sufrimiento en negocio? Reflexionar sobre estas cuestiones es, o deber\u00eda ser, un paso necesario para construir un Internet m\u00e1s \u00e9tico y consciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan \u00c1ngel Asensio es escritor y poeta espa\u00f1ol. Este art\u00edculo fue publicado originalmente el 20 de octubre de 2025 en la Revista Ethic. <a href=\"https:\/\/ethic.es\/circo-romano-humillacion?_gl=1*59aqa3*_up*MQ..*_ga*MjA2NDMzODUyMS4xNzYwOTg0Njg3*_ga_0LL6WCT924*czE3NjA5ODQ2ODUkbzEkZzEkdDE3NjA5ODUxNDMkajYwJGwwJGgxMzgwODgxNjE1\" data-type=\"URL\" data-id=\"https:\/\/ethic.es\/circo-romano-humillacion?_gl=1*59aqa3*_up*MQ..*_ga*MjA2NDMzODUyMS4xNzYwOTg0Njg3*_ga_0LL6WCT924*czE3NjA5ODQ2ODUkbzEkZzEkdDE3NjA5ODUxNDMkajYwJGwwJGgxMzgwODgxNjE1\">Lea el original.<\/a><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El auge del \u2018streaming\u2019 ha creado un escenario donde la intimidad, el dolor y la autodestrucci\u00f3n pueden convertirse en espect\u00e1culo y negocio. \u00bfHasta d\u00f3nde llega nuestra responsabilidad como espectadores? Juan \u00c1ngel Asensio. 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