{"id":988,"date":"2025-12-17T13:52:25","date_gmt":"2025-12-17T19:52:25","guid":{"rendered":"https:\/\/auladh.com\/revista\/?p=988"},"modified":"2025-12-17T14:23:30","modified_gmt":"2025-12-17T20:23:30","slug":"la-era-del-odio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/auladh.com\/revista\/la-era-del-odio\/","title":{"rendered":"La era del odio. -Pablo Sim\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Pablo Sim\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>La polarizaci\u00f3n est\u00e1 de moda. Lo que antes era un concepto casi s\u00f3lo estadounidense, hoy es moneda corriente en todas las democracias occidentales.&nbsp;<em>Spain<\/em>&nbsp;[en el fondo]&nbsp;<em>is not different<\/em>. Ahora bien, antes de entrar en materia conviene distinguir que existen dos tipos, como el colesterol. La primera es la conocida como la polarizaci\u00f3n pol\u00edtica. Esta se refiere a en qu\u00e9 medida existen posiciones pol\u00edticas m\u00e1s o menos alejadas entre los distintos partidos. En un sistema democr\u00e1tico es inevitable que exista en mayor medida; vivimos en sociedades plurales con diferentes concepciones de lo justo y lo bueno. En ese sentido, quiz\u00e1 la gran convergencia ideol\u00f3gica entre los principales partidos durante los a\u00f1os 90 fue m\u00e1s la excepci\u00f3n que la regla, pero que guste que haya m\u00e1s o menos es una cuesti\u00f3n personal (suele agradar m\u00e1s a los que apoyan a los partidos cl\u00e1sicos, conservadores o socialdem\u00f3cratas).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el tipo de polarizaci\u00f3n que tenemos cada vez m\u00e1s extendida es la polarizaci\u00f3n afectiva, la cual opera a nivel de los votantes. Esta se basa en generar afinidad y solidaridad entre aquellos que son percibidos como parte del mismo grupo ideol\u00f3gico y generar hostilidad y rechazo hacia los rivales. Ha habido autores que se\u00f1alan, con horror, que la pol\u00edtica se ha vuelto una cuesti\u00f3n de identidad. No deseo menoscabar su hallazgo, pero la pol\u00edtica siempre ha ido de identidad. Lo verdaderamente novedoso es que dicha identidad est\u00e1 pasando a ser el eje que entronca con la manera de comportarse o preferir pol\u00edticas. Dicho de otro modo, que no son tus preferencias sociales las que hacen formar tu grupo, sino que tu pertenencia al grupo es la que marca tus preferencias sociales. Esto suele ir de la mano con generar prejuicios hacia otros grupos y una sensaci\u00f3n de constante amenaza hacia el propio, lo que genera una reactividad emocional. Las identidades se vuelven m\u00e1s compactas, m\u00e1s homog\u00e9neas y cada contienda electoral se vuelve una batalla a vida o muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00faltima polarizaci\u00f3n puede tener muchos efectos corrosivos en nuestras democracias. Sabemos que tiende a debilitar la confianza social en los otros; confiamos m\u00e1s en nuestro grupo, pero menos en la comunidad. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n hace que la gente empiece a incurrir en el cinismo democr\u00e1tico. Como se tiene cada vez m\u00e1s rechazo por el grupo rival, se acepta que se recurra a medidas de corte iliberal o que restrinjan el pluralismo con el fin de achicar la capacidad de actuaci\u00f3n a aquellos que no nos gustan. Esto con frecuencia va de la mano de negar la legitimidad de los resultados electorales, algo que estamos viendo en cada vez m\u00e1s contextos. Si que gobierne el rival se vuelve una amenaza para la supervivencia del propio grupo \u00bfAcaso no es leg\u00edtimo oponerse a \u00e9l por cualquier medio que sea posible?<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los efectos perniciosos de la polarizaci\u00f3n afectiva tiene que ver con la rendici\u00f3n de cuentas. En democracia es fundamental echar a los malos gobernantes. Para esto hay que contar con una parte de los votantes: los vol\u00e1tiles que cambian de partido seg\u00fan el desempe\u00f1o del gobierno. Que haya algunos ciudadanos que sean vol\u00e1tiles hace que los gobiernos deban cumplir sus promesas y esforzarse por promover el bien com\u00fan (o perder\u00e1n las elecciones). El problema de la polarizaci\u00f3n afectiva es que genera que los votantes sean cada vez m\u00e1s r\u00edgidos. Como toda la contienda va sobre el miedo a que gobiernen los otros, con eso ya basta para seguir gobernando. El resultado es, por tanto, que la calidad de las instituciones se erosiona. Basta con insistir en ese miedo para que, prietas las filas, cada cual se coloque detr\u00e1s de los suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, esta polarizaci\u00f3n tambi\u00e9n tiene un efecto a nivel de las propias \u00e9lites. La cooperaci\u00f3n entre partidos de diferentes sensibilidades es m\u00e1s costosa; los propios votantes lo toleran menos. Adem\u00e1s, el propio lenguaje del debate p\u00fablico se deteriora: la conversaci\u00f3n pasa a girar en torno al \u00abqui\u00e9n\u00bb y no al \u00abqu\u00e9\u00bb. La deshumanizaci\u00f3n de los adversarios pol\u00edticos pasa a ser la norma y, en general, la esfera comunicativa tiende a dejar de ser propensa a la deliberaci\u00f3n. La banalidad en el discurso y la competici\u00f3n por la atenci\u00f3n del electorado se vuelve central mientras que las redes sociales, no sabemos si causando o amplificando esta din\u00e1mica, facilitan que agentes pol\u00edticos, medios de comunicaci\u00f3n y ciudadanos tiendan a estar cada vez m\u00e1s inmersos dentro de esta l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 raz\u00f3n este s\u00edndrome se ha vuelto m\u00e1s prevalente ahora que en tiempos pasados? Bueno, lo cierto es que hay dos grandes escuelas. La primera es la que argumenta que tiene que ver con c\u00f3mo han cambiado y se han complejizado nuestras sociedades. El surgimiento de nuevos temas en la agenda ligados a identidades (feminismo, minor\u00edas sexuales, religiones\u2026) generar\u00eda una potencial polarizaci\u00f3n en torno a las mismas. Adem\u00e1s, la globalizaci\u00f3n, los&nbsp;<em>shocks&nbsp;<\/em>de la Gran Recesi\u00f3n e incluso la covid-19 habr\u00edan generado que se abriera la caja de Pandora de la problematizaci\u00f3n de estos elementos. Por tanto, la polarizaci\u00f3n vendr\u00eda dada, esencialmente, por la demanda. La sociedad ha cambiado y la complejidad de nuestro mundo se ha problematizado hacia el conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hay otra escuela que lo que defiende es que la polarizaci\u00f3n no viene de abajo, sino que se fabrica. En ese sentido, las \u00e9lites pol\u00edticas, ensu conjunto, ser\u00edan las responsables. En contextos de continua competici\u00f3n electoral, la polarizaci\u00f3n es la estrategia ganadora para cohesionar a los votantes, para escapar de las propias responsabilidades. Adem\u00e1s, gracias al cambio en la infraestructura de comunicaci\u00f3n, eso es m\u00e1s f\u00e1cil. Mediante redes sociales no hace falta intermediarios, el l\u00edder puede convocar a los suyos con facilidad en un ecosistema medi\u00e1tico que prima m\u00e1s el conflicto que el acuerdo. Por lo tanto, la bomba de la polarizaci\u00f3n se ir\u00eda cebando por todos lados. El resultado es que los agentes pol\u00edticos, pensando s\u00f3lo en el corto plazo, ir\u00edan corroyendo los fundamentos del propio sistema pol\u00edtico en el medio y el largo plazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien la primera tesis es m\u00e1s funcionalista que la segunda, en ambas los actores pol\u00edticos tienen algo que ver, ya sea amplificando o no corrientes de fondo o fabricando activamente este conflicto. Por ello, si nos preocupa la polarizaci\u00f3n, es m\u00e1s f\u00e1cil empezar por lo que s\u00ed podemos controlar: que las \u00e9lites recuperen algunos consensos b\u00e1sicos. Si, en ese sentido, pudiera exigirse un programa de m\u00ednimos, lo limitar\u00eda a s\u00f3lo dos cosas, dos legados de la Ilustraci\u00f3n. La primera es el empirismo, es decir, que los hechos importan para la discusi\u00f3n pol\u00edtica. La posverdad es hija de matar este principio. La segunda es apelar a la Raz\u00f3n. Esto supone que, aunque las identidades sean relevantes, lo exigible en el debate p\u00fablico son argumentos, no relatos. Lo que se deben ofrecer es razones y persuasi\u00f3n, no apelar a las entra\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Es indudable que el desgarro de ese consenso existe y ha permeado tambi\u00e9n en los actores cl\u00e1sicos. Sin embargo, creo que retejer estos fundamentos es una condici\u00f3n, al menos necesaria, para retomar una discusi\u00f3n p\u00fablica m\u00e1s sana. \u00bfQu\u00e9 la democracia que tendremos tras esta polarizaci\u00f3n exacerbada ser\u00e1 diferente? Sin duda, pero sabiendo que ella misma est\u00e1 en riesgo, tomarse este debate en serio nunca hab\u00eda sido tan perentorio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pablo Sim\u00f3n<\/strong>&nbsp;es titular de ciencia pol\u00edtica en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. Doctor en Ciencias Pol\u00edticas y Sociales por la Universitat Pompeu Fabra e investigador post-doctoral en la Universidad Libre de Bruselas. Especialista en sistemas de partidos, la competici\u00f3n electoral, la descentralizaci\u00f3n pol\u00edtica y fiscal y el comportamiento pol\u00edtico de los j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>Este art\u00edculo fue publicado originalmente el 29 de agosto de 2018 en The Conversation. <a href=\"https:\/\/www.revistadelibros.com\/la-era-del-odio\/\" data-type=\"URL\" data-id=\"https:\/\/www.revistadelibros.com\/la-era-del-odio\/\">Lea el original<\/a><br>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo Sim\u00f3n La polarizaci\u00f3n est\u00e1 de moda. Lo que antes era un concepto casi s\u00f3lo estadounidense, hoy es moneda corriente en todas las democracias occidentales.&nbsp;Spain&nbsp;[en el fondo]&nbsp;is not different. Ahora bien, antes de entrar en materia conviene distinguir que existen dos tipos, como el colesterol. 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